lunes, 29 de agosto de 2016

Reseña de Cruzar el cielo

Reseña en Frutos del Tiempo

(2 de agosto de 2016)

CUANDO CRUCÉ EL CIELO CON ADA SORIANO, por Fernando Pastor Pons


En ocasiones, se tiene la suerte de conocer personalmente a poetas cuya sensibilidad nos toca en nuestro más profundo interior; poetas que unen, a una obra ya sobradamente asentada y reconocida entre la crítica, una forma tan hermosa de ser, que hace palidecer a esos otros tan pagados de sí mismos y de su propia egolatría y vanidad que muestran una disidencia absoluta con su obra y de los que, lo mejor que puede uno hacer, es olvidar a la persona y centrarse en lo escrito porque, la persona, apesta por sus bajos valores personales.
Pero, como digo, hay esas maravillosas excepciones y, sin dudarlo, la poeta Ada Soriano (Orihuela, 1963), que fue Premio Nacional de Poesía “Montesinos 2000”, codirectora de la revista de creación “Empireuma” y autora de poemarios como ‘Anúteba’ (Ed. Autor, Orihuela 1987); ‘Luna esplendente o sol que no se oculta’ (Ed. Empireuma, Orihuela 1993); ‘Como abrir una puerta que da al mar’ (BB.PP. Fernando de Loazes, Generalitat Valenciana, Orihuela 2000); ‘Poemas de amor’ (Fundación Cultural Miguel Hernández, Orihuela 2010); ‘Principio y fin de la soledad’ (Cátedra Arzobispo de Loazes, UA, 2011) une al hecho de ser una excelente poeta la feliz coincidencia de una personalidad y carácter acorde con su poesía.
Es por ello que, al llegar a mis manos su último poemario ‘Cruzar el Cielo’ (Ed. Celesta 2016 – ISBN 9788494391033) me he regodeado en el poemario. Como el oso glotón con un panal, así he disfrutado ‘Cruzar el Cielo’. No sólo lo he leído repetidas veces sino que, además, gracias a una grabación que me enviaron de Ada recitando varios de los poemas en la presentación que hicieron de su libro en Orihuela, he podido releer aquellos textos a la par que escuchaba el recitativo lo que me ha permitido entrar un poco más en los recovecos de la autora y captar sus inflexiones, sus silencios, su respirar con cada palabra. Como digo, miel a mis labios adustos. Así que compartiré contigo, que has dado en tener el detalle de leer estas mis insípidas palabras, mi experiencia, mi sentimiento del poemario; no un análisis sesudo e intelectual que dejo a los críticos sino la visceral, la sanguínea que refleja lo que he sentido como lector y poeta; así que perdona de antemano la extensión, porque comentaré muchos poemas y, de los que no comento, no es porque no me atraigan sino porque reiteraría lo ya dicho en otros y por contenerme un poco (eso sí, poquito…)
No se cómo lo ven los críticos u otros poetas pero, para mí, el primer poema del libro me parece que debe ser como el primer párrafo de un relato, debe ser la trampa, el anzuelo, que enganche al lector. En ‘Luna de Invierno’ cuando arranca Ada con:

“Aquella vez estabas tan cerca que pude sentir
tu aliento gélido y contemplar la mirada irónica
de tus cicatrices”

inicia con tan buen oficio el poemario que uno se relame con epicúreo placer; y luego:

“Quedaste atrapada entre los brazos de un árbol
y lo nombraste rey ante los desolados cañaverales
Así, encajada, parecías distinta.”

Esa figura, esa imagen poética y fotográfica, de la luna brillando entre las desnudas ramas del árbol, es bellísima y me conmueve; y el “encajada” que tan bien refleja y fortalece la figura del primer verso completa un inicio exquisito que se completa con esa referencia a la mítica Avalón celta que nos traslada a tiempos y lugares indefinidos, oníricos, épicos y dice: “querrían para ellos el aroma / de tu cuerpo afrutado”, lo que me devuelve a otra imagen bellísima del amor cortesano y a la ligereza de un verso lleno de sensualismo y erótica (¡eso también!) Un poema bellísimo.
No menos bello me parece ‘Rocío del Mar’ con esos paralelismos entre el mar, las olas y la espuma y el amor “vertiendo en su extensión rocío” que menciona en I; o cuando en II hace ese paralelismo tan hermoso y sensual con la espuma, las algas, el caballito de mar y, finalmente, ese alumbramiento del sol, hermoso retoño de un amor prohibido; en III me parece muy bella la imagen de la mariposa sosteniéndose en su agitada fragilidad; y en IV, por fin, esa ceremonia, esa procesión de los animales, a modo de corolario, podría confundirte y parecer el final de ‘Rocío del Mar’ error que no ayuda a evitar el que V y VI estén en la contra página pero, entonces te encuentras con:

“Hay un momento en que la luz comienza
a desvestirse, al igual que la llama no sobrevive a la vela”

que me vuelve a extasiar y lo leo y lo releo y lo subrayo con el lápiz y lo vuelvo a leer y pienso “¡qué imagen más bella!” y acabo “en la melancolía que destilan los ojos de la luna” y mi corazón se llena de esa melancolía que tantas veces he vivido como vive la casa que menciona la poeta; y ¡qué decirte de VI! con:

“…esa nube que se arrastra con cautela imitando el paso de la /culebra,
y se acerca a la luna y la rodea con su forma de cinta.
En su aparente quietud acaricia el cuerpo desnudo…”

donde se crea una tensión lírica tan penetrante, es una imagen tan expresiva y tan bella que resulta ¡de nuevo! sensual e intensa y me hace percibir mi epidermis y expande un sentimiento de placer y gozo en mi pecho. Ya sé que suena exagerado, pero es lo que hay; es lo que siento con su lectura cada vez que lo retomo.

lunes, 27 de junio de 2016

Publicación de Olaf el Blanco


Manuel A. Martínez nació en Oviedo en 1983. Abandonó los estudios de biología marina para dedicarse profesionalmente al diseño gráfico, especializándose en cartas náuticas.
Publicó en formato digital un poemario en la plataforma Bubok, y llevó a cabo una asidua labor de crítica literaria en el blog La torre de David, activo hasta 2010. Los relatos incluidos en Olaf el blanco (2016) constituyen su primera publicación en formato de papel.

lunes, 13 de junio de 2016

Reseña de Las voces que me dicen

Reseña en Mundiario
(24 de mayo de 2016)

En Las voces que me dicen, Paco Moral nos ofrece una nueva visión de Pessoa
La editorial madrileña Celesta acaba de publicar una edición bilingüe de poemas del portugués Pessoa y de tres de sus heterónimos: Ricardo Reis, Alberto Caeiro y Álvaro de Campos.


Ada Soriano
Ada Soriano
Poeta y escritora. Nacida en Orihuela en 1963. Codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Autora de dos plaquetas y cinco libros. El último, Cruzar el cielo, ha sido editado recientemente por la editorial Celesta. Colabora en MUNDIARIO




Además de los recientes libros que han aparecido este año sobre la obra de Fernando Pessoa, como Cuentos (Páginas de Espuma), La educación del estoico, (Isla de Siltolá), Poemas completos de Alberto Caeiro (Baile del Sol), Odas de Ricardo Reis (Visor), Ficciones del interludio (Alianza), y Libro del desasosiego (Alianza) habría que añadir el publicado recientemente en la editorial Celesta al cuidado de Rafaél González Serrano, que lleva por título Las voces que me dicen. Se trata de una antología en edición bilingüe sobre el desconcertante poeta Fernando Pessoa.
La selección y traducción de los poemas -con muy buen criterio- corren a cargo del escritor Paco Moral, además de una amena y precisa nota que invita a indagar en la sugerente poesía de este autor portugués. Se trata de una antología absolutamente personal y subjetiva, nos dice P. Moral. Afirma asimismo que la intención no es otra que la de rendir un homenaje (…) a uno de los autores más importantes (…) de la literatura y de la poesía universal de todos los tiempos, y que alguien que no conozca aún a Pessoa pueda acercarse a él y a la complejidad de su mundo poético.
En este libro se da a conocer una parte importante de la obra poética de Pessoa desde diferentes perspectivas debido al hecho de haber recurrido al uso de los heterónimos, al inevitable afán del desdoblamiento. Nos encontramos, por tanto, ante un escritor verdaderamente raro, a una abeja laboriosa que acepta sin más los diferentes matices de las flores. El resultado es la codiciada miel, la composición del poema procedente de una amalgama de aromas. Pessoa se bautiza con frecuencia. Si se siente la necesidad, ¿por qué no reinventarse?
El autor de esta antología nos presenta al poeta acompañado con tres de sus heterónimos. “Queriendo, amo el infinito. Haciendo, nada es verdad”, nos dice Pessoa en su poema Todo lo que hago o medito. Aparece, entre otros, su imprescindible poema Autopsicografía con estos versos conocidos y, en ocasiones, malinterpretados, con respecto a la honestidad de los poetas: “El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente/ que hasta finge que es dolor/ el cierto dolor que siente”. Después llega Ricardo Reis, realista, reflexivo y armonioso; asombrosamente conformista y feliz, de quien me quedo con estos versos de su poema titulado Las rosas: “La luz para ellas es eterna, porque/ nacen nacido el sol, y acaban/ antes que Apolo deje/ su trayecto visible”. Le sigue Alberto Caeiro con un discurso narrativo y contemplativo, que nos muestra un lenguaje estético y sencillo, y en su poema, que lleva por título La espantosa realidad de las cosas, sorprende al lector con versos tan contundentes como este: “Basta existir para ser completo”. Finalmente nos encontramos con Álvaro de Campos, quien con su pensamiento de sentirse siempre extranjero, se nos presenta con un lenguaje más elaborado donde asoma el escepticismo: “No tengo ideales/ pero nadie tiene”. En su poema Estanco, acertada elección para cerrar el libro, irremediablemente, nos seduce: “(¡Come chocolatinas, pequeña; / come chocolatinas!/ Mira que no hay más metafísica en el mundo que la de las chocolatinas. / Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería”.
Pessoa es un puzle que une y desune sus piezas para consolidar una sola voz con sus célebres contradicciones: la inconfundible voz del enigmático Pessoa. Léase en El libro del desasosiego: “Tristeza de serlo todo, una sensación de ser yo y a la vez algo externo”.
Me ha gratificado volver a leer a este poeta, en este caso, a través de Las voces que me dicen, poemas que transmiten buenas vibraciones, con muy buen criterio de Paco Moral y muy bien editado por Rafael González, quien apuesta por lo fundamental: el rigor, el misterio y la honradez de la poesía.

martes, 31 de mayo de 2016

Reseña de Cruzar el cielo

Reseña en Frutos del tiempo
(16 de mayo de 2016)

EL CIELO DE ADA SORIANO, por Elías Cortés

Hace algún tiempo leí un poema inédito de Ada Soriano titulado “La espada del Arcángel”, que me envió José Luis Zerón y al que, todavía masticando el desconcertante sabor acerado de los versos y con mi alma de inocente dragón a la defensiva, le comenté lo siguiente: “Ada tose una soledad de palabras que refulgen como espadas de arcángeles mientras hieren nuestro asombro”. Dichas sean estas intimidades con perdón de la mesa.
Hoy, tras beberme el libro “Cruzar el cielo” –donde aparece en toda su gloria el inquietante poema arriba aludido-, sigo pensando que las incisorias palabras de Ada, las tantas veces perturbadores versos de Ada nos abren el pecho en canal, en tanto cauterizan oscuros rincones del alma para hacer sitio a preguntas insomnes, sólo aliviadas por una desesperada certidumbre de que tienes ante ti lo bello:
Cruzar el cielo“Oh, San Miguel, Arcángel de las cohortes celestiales,
Siempre con la espada desenvainada,
Dispuesta para el duro combate.
Querías la gloria a cambio de eliminar a Satanás,
El deslenguado, el lascivo, el lujurioso.
Dicen que lo derrotaste, que lo arrojaste a la tierra.
¿Somos acaso sus descendientes?”
Aunque suene a pedantería muy lejos de mi ánimo, me apetece manifestar, mejorando lo presente, que si esto no trasciende el famoso diálogo platoniano del “Hipias Mayor” entre el sofista Hipias y el gran Sócrates acerca de la belleza (no resuelto acertadamente por ninguno de los dos, creo), que venga San Miguel y lo vea. Pero sin espada.
Lo cierto es que estas páginas que acabo de leer, estos poemas que he podido ver, tocar, oler, oír y saborear en toda su intensidad y calidez no sólo han despertado las mariposas que llevo dentro, sino que también me han dejado un amargo regusto de felicidad contenida ante la certeza de las dudas que plantea la autora: Esa aparente fragilidad que intenta encubrir a una mujer de armas tomar. Y no me refiero a nada bélico, sino a esas palabras suyas que acometen el espíritu de uno con el sabor a manzanas melancólicas y a rocío de mar de sus lunas irrepetibles; que nos movilizan ante la soledad, las ocasiones perdidas, las fobias sensualmente sublimadas:
“Nada que temer.
Pasará el vendaval por encima de nosotros,
Y el cielo, desinfectado y preparado,
Abrirá su vagina azul sobre el horizonte.
Expulsará la primera luz y mostrará su parto cósmico”.
A esto hay que añadir que siempre nos quedará el sol y esa canónica concupiscencia que nos acercan a la tierra, a los miedos refrenados por la eterna esperanza: Ese viaje al colosal cemento de Benidorm, a la geometría quebrantada por la leyenda sobre el caballero que ofrece, dando un tajo al pico de la montaña, un cacho más del astro rey para que arrope la agonía de la amada, y que concluye en una roca herida de espuma y azul:
“La roca, en la singularidad de su forma,
Alzó sobre el horizonte un ángulo.
División de azules”.
En la llamémosle metaempatía que, como tantos otros intento cultivar, junto a mi interés por identificarme con la autora, no puedo evitar dejarme arrastrar hacia las estrofas, introducirme en los versos de sus poemas y, aparte de lo ya dicho, me fijo en el tiempo, en las horas que pasan, en la vida que transcurre tras ellos a pesar de todo:
La suerte estaba echada.
El tiempo es un ogro que peca de gula”.
Porque si para algunos el tiempo es oro, para los poetas es una lenta tortura que conduce desde la profundidad insufrible del folio en blanco, hasta la laxitud pecaminosa y triunfal de haber concluido victoriosamente la búsqueda de sueños fantasmagóricos, pero cotidianamente pertinaces y tentadores: Ese amor a las cumbres, al verano, al mar, al hombre, a tantos poetas, especialmente a los suicidas con Sylvia Plath a la cabeza… A esto Ada Soriano, mientras nos invita “a respirar el sol de la tarde”, nos desplaza hasta los juncos y cañaverales perdidos, pero que están siempre ahí para trasladarnos al comienzo del mundo; a la “triste historia de un payaso y su chica de alto rango”, a “los tangos y boleros que disuelven el frío/ de las crudas noches de invierno” y a la Casablanca de “tócala otra vez, Sam”. Perdón, quiero decir a ese maravilloso final de “Vuelta”:
“Vuelve a cantar la de El Bardo, Papá,
La de El Bardo”.
Entremedias, la insistente memoria cuajada de humanidad filial, de ternura, de susurros:
Yo era Blancanieves sin madrastra (…)
Y mi padre era el héroe. Mi padre era una torre
De enanos superpuestos, un hombre alto”.
¡Ay!, ese anhelo de padre y de infancia. ¡Ay!, el regreso. Siempre el regreso –eternamente Íthaca- al tiempo de mecedora y canciones a través del camino de las palabras calientes, de la íntima y firme impresión de la autora de ser sólo ella dueña de sus cataclismos cuando, en una relación mágica, el que más y el que menos también los hace suyos, y de la misma manera naufraga sin remedio en sus sueños.
Finalmente necesito decir que esta mujer ya me hirió de muerte con sus obras “Poemas” de amor” y “Principio y fin de la soledad”, pero tengo que resistir; quiero seguir visitando esas lunas suyas tan ardientes, y bañarme en sus mares y en sus lluvias, pues, al leer este libro observamos que Ada nos agita ocasionalmente en la ambivalencia de enfrentarnos a un amor intenso hacia la vida, por una parte; y por otra, con un mínimo equipaje, a la muerte adelantada: “un cepillo de dientes sin usar/ ropa bien doblada y ordenada”. Sin embargo yo me inclino con rapidez por negarme a cruzar el incógnito cielo de Sylvía Plath. Que espere Sivvy tranquila en sus galaxias de esplendor y angustia ya reparada. Prefiero el cielo de Ada Soriano y sentarme al acecho de los próximos libros con que ella me endulzará ácidamente el alma. Al mismo tiempo aguardaré resignadamente, confiando que se retrase mucho, a que llegue el cartero “con su irremediable sorpresa”.
Cruzar el cielo. Editorial Celesta, Madrid, 2016
Elías Cortés

lunes, 23 de mayo de 2016

Entrevista a Ada Soriano

(miércoles, 11 de mayo de 2016)

Ada Soriano  (Orihuela, 1963)

Dedicada desde temprano a la actividad cultural, fue codirectora de la revista de creación literaria Empireuma y colaboradora de la revista socio-cultural La Lucerna. Ha publicado las plaquetas Anúteba (1987) y Alimentando lluvias (2000), así como los libros de poemas Luna esplendente o sol que no se oculta (1993), Como abrir una puerta que da al mar (2000), Poemas de amor (2011), Principio y fin de la soledad. Ha sido incluida en varias antologías y traducida al inglés y al rumano.
Recientemente se ha presentado su poemario Cruzar el cielo, publicado por la editorial madrileña Celesta.
¿De qué le salva la poesía?
Mire, la poesía me mata pero me salva. Y es por eso mismo que al salvarme, me mata. Es un callejón sin salida. Me asiste y me somete. Lo mismo se comporta como una buena amiga que como una hija de puta. Concluyo en que ser poeta es un infortunio.
¿Un verso para repetirse siempre?
No es un verso, pero me parece muy acertado.
“… es aterrorizador pensar que hay tantas cosas que se hacen y se deshacen con palabras…” Es de Rainer Maria Rilke.
¿Qué libro debe estar en todas las bibliotecas?
A pesar de las interpretaciones desde una óptica religiosa, que no comparto, sin duda alguna, la Biblia. Todo lo contiene. De hecho, es el Libro.
Amor, muerte, tiempo, vida…,  ¿cuál es el gran tema?
Todo lo que nombra es el tema.
¿Qué verso de otro querría haber escrito?
Tantos versos me han cautivado que me resultaría difícil elegir uno. Me resigno a quedarme con los míos.
¿Escribir, leer o vivir?
Vivir, evidentemente. Cuando muera…
¿Dónde están las musas?
Musas, inspiración… Soy más feliz cuando no llegan que cuando se presentan, ya que me siento más libre, a pesar de que no pueda escabullirme del todo. Es que tienen la desfachatez de plantarse delante de mí sin cita previa.
¿Qué no puede ser poesía?
Lo que no es poesía, aunque algunos se empeñen en demostrar que todo vale.
¿Cuál es el último poemario que ha leído?
La senda honda, de José Manuel Ramón y el poemario inédito –ya a punto de salir a la luz- De exilios y moradas,  de José Luis Zerón. No suelo atenerme a un solo libro. Quiero decir, que tengo la manía de llevar varios en danza. Actualmente he incluido en mis lecturas nocturnas una novela de Julio Llamazares que lleva por título Las lágrimas de San Lorenzo.
Si todos leyéramos versos, el mundo…
Sería muy raro, ¿no?
Tres autores para vencerlo todo.
A lo largo de mi vida me he identificado con muchos poetas de diversas nacionalidades, al igual que con otros que no son poetas, pero que de alguna manera me han hecho sentirme cómplice de sus actos. No sería justo que nombrase tan solo a tres.
¿Papel y lápiz, teclado o smartphone?
Papel y boli. Me da igual de qué tipo de papel se trate y el color de la tinta del bolígrafo. Cuando sucede lo inevitable, escribo donde pillo. Me da igual que sea en la nota de la lista de la compra, en el reverso de un recibo del banco o en los bordes del sobre de Iberdrola. Después llega el teclado. Es un proceso lento. El caos antecede al orden y a la pulcritud. No obstante, cada poema guarda en sus entrañas su naturaleza anárquica.

lunes, 9 de mayo de 2016

Acto de presentación de Las voces que me dicen

Rafael González y Paco Moral

"Todo arte es creación, y se halla por tanto subordinado al principio fundamental de toda creación: crear un todo objetivo, para lo cual es preciso crear un todo parecido a los todos que hay en la Naturaleza; esto es, un todo en el que se dé la precisa armonía entre el todo y las componentes no elaborada y exterior, sino interna y orgánica."
"Obra heterónima es la del autor fuera de su persona; la de una personalidad completa fabricada por él, como podría serlo la de cualquier de los personajes de cualquiera de sus dramas. Han hecho las obras heterónimas de Fernando Pessoa, hasta ahora, tres nombres de persona: Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Su personalidad debe ser considerada como diferente de la del autor. Cada una de ellas forma una especie de drama, y todas juntas forman otro drama."

Nada queda

Nada queda de nada. Nada somos.
Un poco al aire, al sol, nos atrasamos
de la viciada sombra que nos pesa,
de la humilde tierra impuesta,
postergados cadáveres que engendran.

Leyes hechas, estatuas vistas, odas acabadas:
todo tiene su tumba. Si nosotros, carnes
a las que un íntimo sol da sangre, hemos
poniente, ¿por qué no ellas?
Somos cuentos contando cuentos, nada.
Fernando Pessoa


Paco Moral recitando a Pessoa

viernes, 6 de mayo de 2016

Reseña de Cruzar el cielo

Reseña en Mundiario

Un poemario sobre el dolor de la belleza: Cruzar el cielo, de Ada Soriano


La exclusividad de esta poetisa radica en esa continua tentativa de recuperar en el dolor, en el vértigo, en los riesgos, una clase de belleza inédita. 


"Sin perder un ápice de sus antiguas cualidades, ha sido capaz de construir unos poemas de mayor envergadura creativa, con una alta complejidad estructural, con más inflexiones, con más ritmos; en definitiva, dotados de una mayor variedad en las técnicas y en los enfoques, que van de lo introspectivo a lo contemplativo, pasando por lo narrativo y lo biográfico.", comentaba Javier Puig en Mundiario sobre la poesía de Ada Soriano hace unas semanas.
  No puedo estar más de acuerdo con estas palabras, pues este nuevo libro de la poetisa de Orihuela, publicado en Celesta, confirma una evolución personal que tiende cada vez más a identificar un estilo propio, inherente a una forma de ver el mundo que busca en la sutilidad una visión destructiva a la vez que reveladora de la belleza efímera de nuestro entorno.
  No hay un tono apocalíptico en la poesía de Ada Soriano, pero si una tentación, en Cruzar el cielo, de contemplar, bajo una fragilidad inquietante, todo aquello que a ella le obliga a reflexionar (la enfermedad, un recuerdo de la infancia o un viaje con su hijo): “Cuando el viento arrecia con aullidos de lobo,/ el cielo se apelmaza./ Una manta de ceniza, una tapadera que pesa como el plomo./ Yo quedo aislada, agazapada en el lento transcurrir/ de un tiempo lineal.” (pág. 28).
  En esa elemental inconsistencia se construye su particular mundo, redefinido una y otra vez por esa búsqueda de la nostalgia como una hermosa manera de persistir en la soledad, como si la soledad fuese un preciado bien, un insondable otro que procura siempre la serenidad diletante del que no desea saber más. Su particular distancia del presente, ese desamparo intencionado, convierte esa fragilidad del cuerpo, de su cuerpo, de la vida que vive ella, en un motivo literario que la acerca tantísimo a Sylvia Plath o a Concha García: “La crisálida queda sola, en la esquina de una caja perforada/ o colgando de una rama./ Una espléndida mariposa exhibe su delicada feminidad/ agitando sin temor sus bellas alas./ Rozar el cielo es su ambición” (pág. 19).
  Ada Soriano no se aleja de temas clásicos como son la caducidad de la vida, el sinsentido de la muerte o la enfermedad, pero la exclusividad de esta poetisa radica en esa continua tentativa de recuperar en el dolor, en el vértigo, en los riesgos, una clase de belleza inédita, perturbadora, sin dejar de ser apolínea, con el fin de  introducirnos en esa paradoja de admirar que, hasta en lo más terrible, hay un hálito de vida, una sincera reconciliación con un ideal de felicidad, esa que nos permite seguir fingiendo en este mundo, en cada una de nuestras existencias. Algunos de los poemas de amor de este libro se escriben desde una nostalgia que me atrevería a llamar "nostalgia futura", pues los encuentros están condenados a este tierno desamparo en el presente y después de los años: "Tus labios y mis labios, inmersos en su creación, se alejan del mundo" (pág. 13).
  En una entrevista a la revista literaria La Galla Ciencia, Ada Soriano confesaba lo siguiente al escritor José Luis Zerón: "La lectura ha significado mucho en mi vida, desde los clásicos hasta los actuales. Y cuando digo actuales, incluyo a mis amigos poetas, a los de Orihuela y a los que son de otras ciudades; a los que he tenido el placer de conocer personalmente. He aprendido mucho de mis conversaciones con ellos y, doy por hecho, que esto es recíproco. Yo lo defino como una dosis de afecto que lleva inscrita la palabra complicidad."
   Quizá esa complicidad y esa necesidad de la lectura como constante forma de regeneración en la vida y en la palabra ubican a este poemario en un punto de inflexión importante en la evolución de Ada Soriano, porque su escritura profundiza sin lugar a dudas en un espacio imaginario afín a esos textos trascendentales de Plath o de Maillard.

Manuel García Pérez

lunes, 25 de abril de 2016

Publicación de Las voces que me dicen de Fernando Pessoa


Fernando Pessoa nació en Lisboa en 1888. Estudió en Durban (Sudáfrica), y se presenta a las pruebas de acceso a la Universidad de El Cabo, sin conseguirlo. De vuelta en Portugal en 1905 se dedicó profesionalmente a la traducción y a la redacción de correspondencia comercial para empresas. Simultáneamente realiza una intensa actividad literaria (mayoritariamente inédita a su muerte), y bajo el nombre de diversos heterónimos. Muere también en Lisboa en 1935 a causa de la cirrosis.
Él mismo reconoce que buena parte de su producción se encuentra disperso en diversas revistas y otras publicaciones: artículos, poemas, ensayos irán apareciendo en Orpheu, Atena, Presença. Su primer poemario fue Antinous (1918), escrito en inglés. También en ese idioma le seguirán 35 Sonnets, e English Poems I-II, y un tercer volumen. La única publicación en vida en portugués fue Mensagem. 

lunes, 18 de abril de 2016

Reseña de Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano

A veces lo novedoso llega callado, sin roce ni palmada.
A veces los cambios se muestran en la trayectoria de lo que pudo ser habitual y giró para evolucionar.
Así ha ocurrido con el último libro de mi querido Rafael González Serrano: Leves alas al vuelo (Editorial Celesta).
Ha aparecido en silencio, como la novedad que impone pero no avasalla, con la humildad de lo exquisito que no escandaliza, en la certeza de la conciencia que sugiere.
Leves alas al vuelo es un combinado servido por un barman en el refugio clandestino de la ciudad donde impera la Ley seca. Sus versos son tragos saboreados al compás de un piano con doble fondo, en el cual se guardan los licores esenciales del pecado y los sentimientos. Su forma es la forma personal de un inventor de chasquidos y recursos, de un profeta de la realidad, de un silente enamorado, de un espectador de la vida y de la muerte.
Atrás ha quedado el poeta metafísico y oscuro, el críptico creador que nos hacía bucear en construcciones profundas llenas de sentido.
Ahora, en este libro, transcurre nuestro camino de lectura en bocanadas sencillas, en conceptos minimalistas, en iluminaciones descubiertas al trasluz de nuevas formas (duinos, aporismos o aladas)
Poco más.
Sólo la recomendación de leerlo y comprobarlo.
Y disfrutar. Mucho.


CXIII

En la derrota
se fragua el destino
alimentado.


CXXI

En la tormenta
se funda la fuerza que
trae la calma.


La muerte nos censura en su cita
los años que no supimos vivir.


Desnuda,
               sin adjetivos,
la palabra tiembla
de carencias,
               se sumerge
en las tinieblas, entre
los umbrales
        del silencio, cuando
el exilio es
                una apuesta
y el único ropaje
con que envolver
                la soledad.

Enlace a página original: http://diariodeimprovisaciones.blogspot.com.es/2016/03/letras-ajenas-rafael-gonzalez-serrano.html                                       

lunes, 11 de abril de 2016

Lectura de Paseantes hoy en Barcelona

Pepe Jesús Sánchez en el Cercle Artistic San Lluc

El poeta inglés Samuel Taylor Coleridge escribió:”Si un hombre atravesara el Paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano…¿entonces qué?”  dando origen así a  la idea de que una gran parte  de la creación literaria es obra no de lo que llamamos autor (el autor Tal en minúscula) sino del Espíritu Dios, la Computadora Universal o como quieran Uds. llamarle. Posteriormente, muchos grandes poetas, han sostenido también   la idea del único Autor (con mayúscula). Si bien no es  un hecho que se produzca con asiduidad en la práctica, ese sentimiento  de que alguien nos dicta, como en trance, un  texto, no es extraño a quien  frecuenta o haya frecuentado la escritura.  
Pepe Jesús Sánchez Marín en Paseantes hoy pareciera haber atravesado la floresta del sueño trayendo como prueba este poemario en el que la extrañeza de la poesía se ha consumado en la plenitud  de la parca a la vez que elocuente sencillez de la naturaleza. Él no pertenece a ninguna  generación, ni tampoco  a una  determinada escuela ni a tradición alguna. Es, como la gran mayoría de los escritores  de verdad, de sí mismo.
Que luego de haber visitado de la mano del poeta estos paisajes, estas  atmósferas diáfanas o sombrías, estos inventarios arrobados, algún lector especializado haya  querido entrever supuesta relación con las Baladas Líricas de Worsdworth podría  tal vez calificarse como acertado como podría serlo, también, el evocar a  Francis Ponge  en su  toma de partido por los objetos cotidianos, por las cosas en su rara exactitud de cosas o por los simplísimos componentes del paisaje de su singular itinerario poético. Pero tales alusiones y evocaciones supuestas tan son tan sólo palabras.
Creo, con Borges, que la materia con que se hace la poesía,  el lenguaje mismo,  es una creación estética. Creo también, con este nuevo  poeta, en que la belleza está acechándonos por todas partes, tanto en lo creado como naturaleza como en las efusiones del espíritu que las contempla.
Pero tal vez,  las distintas interpretaciones que ha suscitado la lectura de Paseantes hoy no sean más que palabras sobre palabras, creaciones sobre una creación. Una incitación, en fin, a la lectura de primera mano. Puesto que, como dijera el poeta Angelus Silesius allá por el siglo XVII:”La rosa sin porqué, florece porque florece”.
                     
Edgardo Oviedo Licardi 

martes, 29 de marzo de 2016

Reseña de Cruzar el cielo de Ada Soriano

Reseña en Diario de la Vega

Uno de aquellos...XII

Cruzar el cielo


Entre las corrientes geográficas que nos interesan está la de la geografía de la percepción. En 1960 el urbanista y escritor estadounidense Kevin Lynch, en su obra "La imagen de la ciudad", se interesó por la percepción subjetiva de la realidad urbana demostrando que la imagen de la ciudad varía dependiendo de quien la observe. Así, una misma realidad se aprecia de diferentes maneras. Quien dice la ciudad en particular, dice el medio natural en general.
Ada Soriano ha presentado un nuevo poemario: "Cruzar el cielo". La presentación fue un diálogo entre la autora y el poeta José Luis Zerón. Previamente Zerón nos describió los valores del libro enumerándolos en un decálogo fundamentado. Esto con la solemnidad que en nuestra cultura posee, por el peso del decálogo mosaico, todo decálogo.
Por deformación profesional –por esto nuestra referencia a la geografía de la percepción– nos han interesado especialmente dos poemas recitados por Ada en la presentación en una grabación delicada en la que nuestro colega Jesús Zerón ha prestado sus saberes técnicos y sus sensibilidades musicales. Dos poemas que describen –sin nombrarlas– dos ciudades. Ciudades que se evidencian en los versos: Benidorm y Granada. Benidorm en "Viaje": "A los pies de sus playas, altos edificios compiten. / Gigantes, moles futuristas creadas por la mano del hombre. / La geometría de un rombo asciende lenta y saluda. / Una cúpula de cristal resplandece: / punta de estrella entre dos torres, / campana que no emite sonidos." Granada en "Una ciudad del sur": "Las calles delgadas todavía conservan / sus placas con nombres árabes. / La puerta del paraíso está abierta: / una ciudad sometida a otra ciudad.
Pero además de estos dos poemas –hasta diecinueve–, poemas en verso largo que predominan en el libro, nos emocionó "Vuelta". Quienes hemos vivido las dolencias de nuestros padres en un hospital nos podemos ver en los versos de "Vuelta", versos que emocionan –yo he llorado– y que nos traen un rasgo propio de la poesía de Ada: lo íntimo. Lo íntimo compartido, abierto en canal, negro sobre blanco en el surco de los versos. Entonces... Que nadie haga daño a los poetas.

Mateo Marco Amorós

viernes, 18 de marzo de 2016

Acto de presentación de Cruzar el cielo

José Luis Zerón y Ada Soriano

José Luis Zerón

Buenas noches. Os agradecemos que estéis aquí celebrando con nosotros la salida del poemario Cruzar el cielo, publicado por la editorial madrileña Celesta.
No creo que haga falta a estas alturas hablar demasiado de la autora. Todos conocéis a Ada Soriano y su trayectoria literaria. Solo diré que este libro que hoy presentamos es su quinto poemario publicado. No es, pues, una autora muy prolífica, si bien ha dedicado más de treinta años de su vida a la poesía. Ha publicado poemas, artículos y narraciones en numerosas revistas literarias de ámbito nacional e internacional y creo que casi todos conocéis su labor editorial, como cofundadora y coeditora de Empireuma. En cuanto a mí, es decir, a mi presencia aquí esta noche como presentador, no creo que deba dar demasiadas explicaciones puesto que están claros los vínculos que me unen a Ada. Ella es la madre de mis hijos y nuestras respectivas trayectorias literarias han seguido caminos paralelos, pues durante veinticinco años realizamos un común esfuerzo por difundir la poesía como directores de la revista Empireuma. Además, he sido testigo privilegiado de la gestación de Cruzar el cielo, que hoy presentamos, de modo que tengo argumentos suficientes para justificar mi presencia aquí esta noche, ¿verdad?
Cuando Ada dio por terminado Cruzar el cielo hace un par de años, envió copias a varios amigos. Uno de ellos, poeta conocido, lo calificó de extraordinario. Y no le faltaba razón. Me pareció muy acertado el adjetivo calificativo, pero se me ocurrió en aquel momento escribir un decálogo que  titulé “Por qué es extraordinario Cruzar el cielo”. Hoy suscribo absolutamente lo que escribí entonces.

¿Por qué es extraordinario el libro de Ada?

1.- Porque en sus poemas se aprecia un tono confesional que no renuncia a la experiencia solidaria. Hay una presencia constante de la ternura, la emotividad, el afecto, y la solidaridad, pero no hay sentimentalismo. Al mismo tiempo se alcanza con la palabra la sublimación de todo aquello que amenaza y perturba a la autora: el miedo, la inquietud, la ansiedad...  Hay en estos poemas espacio para el autoconocimiento y la apertura imaginativa. Pongo como ejemplos los poemas: "Agorafobia", "Viaje", "Una ciudad del sur", "Te amo", "Nonagenaria", "El despertar de la memoria".
2.- Porque hay un perfecto equilibrio entre el verso lírico y el discursivo. Ejemplos: "Una ciudad del sur", "Carpas en el río", "Luna de invierno", "El despertar de la memoria", "Nonagenaria", y "Viaje".
3.- Porque está presente en todo el libro un epicureísmo sereno que deviene en esa atmósfera erótica propia de los poemas de la autora. Hay una fusión entre Eros y Logos. La búsqueda del sentido de la vida, la fe en el valor de la palabra, el anhelo trascendente, la capacidad de asombro, la preferencia por la sensualidad y la celebración de la naturaleza, están muy presentes en la poética de Ada.  Esa preferencia por lo erótico, es decir, esa apuesta por la vida, por el placer de los sentidos en su plenitud, se refleja igualmente en la naturaleza y en el cosmos... Es la confrontación del hombre y de la mujer con su propia inmanencia, allá donde las falsas fronteras se ven abolidas. La pulsión erótica también está presente en todo el libro, pero destaco "Luna de invierno", "Venus cabalga sobre el arco de la luna", "Una tarde de primavera", "Rocío del mar" y "El beso".
4.- Porque los poemas de Cruzar el cielo están escritos con rigor y sutileza pero transmiten frescura. Digo frescura porque no se notan las hipotéticas marcas de taller. El lenguaje poético fluye con naturalidad, aun en sus fases más complejas. Esta es una de las características más notables de la obra poética de Ada Soriano.
5.- Porque la voz de la autora, unas veces inquietante, otras acogedora, mantiene un aliento pletórico, una intensidad constante. Pero los poemas de Cruzar el cielo no quedan atrapados en la enorme urdimbre de banalidades, presente en todos los ámbitos de lo real cotidiano. Nada tienen que  ver con las veleidades confesionales de los viejos poetas de la experiencia, ni con la trivialidad, supeditada al ingenio y la ironía autocomplaciente, practicada por muchos jóvenes poetas con resabios experienciales.
6.- Porque es una poesía tan alusiva como elusiva. Los poemas de Cruzar el cielo, siguen una línea clara, pero leyéndolos en profundidad se observa una torsión expresiva que deja entrever el misterio oculto tras la realidad fenoménica. 
7.- Porque está bien articulada la precisión con la ambigüedad. A los poemas no les sobra nada, sin embargo no evitan la polisemia y la paradoja; por eso están llenos de dobles fondos a los que hay que acceder a través de la imaginación.
8.- Porque Cruzar el cielo se aleja de las escrituras líquidas de la posmodernidad  para unirse a las poéticas sólidas de siempre, de toda la vida.
9.- Porque en este libro hay un debate continuo entre la soledad, el aislamiento (no reclusivo) y las ansias de libertad, la necesidad de vuelo Por ejemplo: "Rocío del mar", "Mariposa", "Agorafobia", "Viaje", "Una ciudad del sur", "Te amo".
10.- Y porque rinde un homenaje a las poetas Sylvia Plath y a Anne Sexton, pero no encalla en los médanos del elogio ni en los escollos monotemáticos de la literatura hagiográfica.
           
Ada Soriano

Buenas noches Quiero agradeceros vuestra presencia. Gracias, a ti, José Luis, por tus palabras y por haber aceptado presentar mi libro. También doy las gracias a la concejalía de Cultura por habernos cedido este auditorio y a Jesús Zerón que me ha ayudado a elaborar el audio que vamos a escuchar al finalizar este acto. Y por último mi agradecimiento especial a Rafael González, por haber editado mi libro. Deseo que la editorial Celesta goce de una vida larga y próspera. Aunque de apariencia modesta por ser poco voluminoso, mi libro está muy bien editado. Además Rafael me ha dispensado en todo momento un trato exquisito.

jueves, 10 de marzo de 2016

Reseña de Leves alas al vuelo de Rafael González Serrano





La figura de Rafael González Serrano supone desde hace años un saludable ejemplo de generosa dedicación a la poesía al margen de los circuitos oficiales, como editor al frente de la editorial Celesta, como bloguero (su blog De turbio en claro está dedicado exclusivamente a la poesía) y como poeta y traductor. Leves alas al vuelo es el sexto poemario publicado por Rafael González, precisamente en la elegante editorial Celesta. Es un libro de carácter híbrido en el que conviven el poema, el aforismo y el fragmento en prosa, pero no incurre en la incoherencia o en la dispersión. Muy al contrario, es un conjunto conexo cimentado en la brevedad, el virtuosismo formal, el lenguaje plástico y la voluntad analítica. El discurso breve no naufraga en un minimalismo descarnado, ni en una sobriedad abrupta, ni es un esencialismo espurio. En este libro no hay lugar para lo superfluo, pero si para la belleza, que se presenta en fogonazos esplendentes que iluminan el mapa reflexivo. En la fugacidad se instaura la belleza, escribe el autor. A esto hay que añadir una precisión en el lenguaje que convierte en aparentemente sencillo lo más complejo.
El contenido del libro está sintetizado en la aliterada sutileza de las cuatro palabras que conforman el título: levedad formal y búsqueda, indagación y revelación a través de un vuelo metafórico que se alcanza con la precisión del esfuerzo, la fuerza de la elocución y la insobornable voz lírica.
Leves alas al vuelo se compone de cuatro epígrafes que llevan por título Breverías, Duinos, Aladas y Aporismos. Son cuatro partes aparentemente distintas, pero, como decía, conectadas por el código de extrema sencillez y exactitud y la íntima alianza entre reflexión y lirismo presente cada una de las páginas de este volumen.
En el primero encontramos un conjunto de poemitas a modo de haikus, pero como bien apunta el autor no entrarían estricto sensu en esta categoría, pues su temática es plural y no exclusivamente referida a la naturaleza. Aquí encontramos deliciosas pinceladas aforísticas que abarcan el detalle nimio y humilde que nace de un buceo en la raíz del acontecer (Cae la lluvia,/todo semeja ser gris./ Es el otoño. O La luna baña/ un cortejo de sombras;/luego se marcha), la elegía personal (Los días sufren/ de sus noches resacasde amor concluso. o Una rosa de/olvido se marchita/ en tu memoria), la peripecia reflexiva de corte pesimista (Llegar tarde a/ la cita con la muerte:/ ardid inútil. O De las armas de/ metal resta sólo su/mellado filo), la urdimbre humanizadora del amor (Nos fundimos en/ un tiempo transversal: yo,/tú, el abrazo. O La incógnita de/ tu ecuación se resuelve/ en tus caderas), el vuelo lírico que admira lo vivo (La luciérnaga/luce entre las estrellas./ Su luz contemplo. O Las flores sueñan/con mundos renacidos/ en primavera) y la pirueta paradojal (en la tormenta/ se funda la fuerza que/ trae la calma. O En un segundo/ se condensan cristales/ de eternidades).
El segundo epígrafe lleva un título que nos remite a las célebres elegías de Rilke por su carácter elegíaco. Siguiendo con la brevedad, los Duinos son poemas de dos versos isosilábicos que no entrarían en la definición típica de lo que es un pareado o un dístico y tienen mucho en común con el epígrafe anterior por el contenido aforístico, un tono pesimista y un sistema de símbolos relacionados con la soledad, la pérdida, el dolor y la consumición, pero sin llegar a la desgarradura ni al grito desesperado, pues en oposición a este panorama sombrío se alza en todo el libro un deseo ferviente de vida, y muchos de los símbolos de muerte y destrucción, como el fuego, tan basal en la obra de Rafael González, también representan la regeneración, la esperanza y la vitalidad Todo fluye en estos versos sin estridencias ni altibajos, con una delicada belleza no exenta de rotundidad y una inusual armonía.
Las aladas que conforman el tercer epígrafe, son quince composiciones de versos cortos y rítmicos que se diferencian de los textos reunidos en las demás secciones, sobre todo porque destilan una emoción menos concentrada, una mayor tensión metafórica y una expresión más sensual. El contenido resulta en ocasiones críptico No obstante son poemas de una belleza convulsa que surgen de una derrota del aliento/sobre un cristal/ de espejismos, y una epifanía/de secretos/, una celebración/ en el límite.
Por último, la sección que cierra el libro titulada aporismos, acoge textos en prosa a modo de máximas. Como indica el título, están cercanos a la paradoja, a la contradicción, a la dificultad lógica, y expresan un combate entre elementos contrarios, por ejemplo leemos en una máxima: En cualquier lucha que iniciemos, por el hecho de participar en ella, somos perdedores de antemano. Y a continuación: solo quien anhela vence aún en la derrota. En suma, hay un sustento reflexivo que no renuncia al lenguaje lírico. Aquí el discurso es tan especulativo como explícito, tan contundente y sentencioso como elíptico. Y también es más denso.
Leves alas al vuelo es un libro bello, rico, complejo y valiente. Hay en sus páginas un conflicto continuo entre el chispazo azaroso o intuitivo y la reflexión sobre el deseo, la identidad, la incertidumbre, el temor, el amor con sus maravillas y desastres, el paso del tiempo, en suma, la vida y la muerte; pero el autor no se erige en portavoz del dolor y la desolación y solo traza con nitidez una forma de entender el mundo cercana al estoicismo desde formas estilizadas que no renuncian a la plenitud y el misterio (si se abre bien los ojos en la noche se nos revelará lo que mil soles no pueden mostrarnos), porque La brevedad/ intenta rescatar/ lo inevitable
José Luis Zerón Huguet

Enlace a página original: https://frutosdeltiempo.wordpress.com/2016/01/23/leves-alas-al-vuelo-de-rafael-gonzalez-serrano-por-jose-luis-zeron-huguet/